martes, 14 de abril de 2009

Propaganda por el hecho (Historia)

La llamada propaganda por el hecho o propaganda por el acto es una doctrina de origen anarquista que promueve la realización de actos notables por parte de los individuos para motivar a otros. Se sostiene en la creencia de que las formas ejemplares de acción directa encenderán el fervor revolucionario en la clase obrera. El famoso teórico anarquista Piotr Kropotkin escribió que "un acto puede, en unos pocos días, hacer más propaganda que miles de panfletos".

Su puesta en práctica supone elevar un conflicto latente al grado de conflictividad explícita. Con ello, generar un elevado grado de incertidumbre social que obligue a la mayoría a salir de su indiferencia y a adoptar posturas distintas para resolver el conflicto. Comúnmente se le suele dar una connotación violenta, desplazando a sus demás significados y aplicaciones, si bien el concepto no se refiere en sí a la acción violenta sino en general a toda propaganda mediante actividades visibles al público.

HISTORIA

La propaganda por la acción, en el ámbito del movimiento, fue formulada por primera vez en 1876 por los anarquistas italianos Malatesta y Cafiero, en un artículo del Boletín de la Federación del Jura en el que decían:
El hecho insurreccional destinado a afirmar los principios socialistas mediante la acción es el medio de propaganda más efectivo y el único que sin engañar y corromper a las masas puede penetrar hasta las capas sociales más profundas y atraer las fuerzas vivas de la Humanidad a la lucha mantenida por la Internacional.

La idea vertida por Malatesta y Cafiero no contemplaba los atentados individuales, sino que hacía referencia a la alteración del orden colectivo: manifestaciones, motines, e incluso, alzamientos. Lo esencial de esta propuesta era que sólo la palabra no era suficiente para conmover al grupo, entendido éste como la sociedad. Estas ideas dieron pie, sobre todo durante los últimos años del siglo pasado, a la realización de toda una serie de atentados que sí lograron sembrar el desasosiego, consiguiendo atraer la atención y evitando que su “desviación” se minimizara o descalificara.

El término fue popularizado por Paul Brousse (1844-1912), un joven médico francés, en un artículo titulado Propaganda por el hecho (Propagande par le fait, en el original) publicado en agosto de 1877, donde analiza el levantamiento obrero de la Comuna de París y otros movimientos revolucionarios como buenos ejemplos de lo que debe ser la acción revolucionaria basada en el principio de propaganda por el hecho.

Uno de los más fervientes defensores de dicha estrategia fue Johann Most, quien alababa estos actos debido a su gran resonancia que tenía entre las masas. Fue así como también se le denominó Dynamost, debido a su método preferido de apología de la violencia, la dinamita, si bien nunca estuvo involucrado directamente en alguno.

Entre 1890 y 1900 tuvo lugar en todas partes un periodo de terrorismo anarquista. Llevó a ello la pérdida de los seguidores de las clases obreras y las absurdas represiones de la policía. Muchos artistas y escritores compartían estos atentados ya que según ellos conmover, enfurecer, expresar la propia protesta era la única cosa que podía hacer cualquier hombre sensible y honrado.

En gran parte la propaganda por los hechos se relaciona a la ola de atentados individuales realizados contra monarcas y demás jefes de Estado a finales del siglo XIX y algo a inicios del siglo XX, a manera de magnicidio, regicidio o tiranicidio, que incluso siendo hechos dramáticamente violentos al no premeditar agresiones a civiles no entra catalogado explícitamente como terrorismo como mal se suele asociar. En su tiempo estas acciones, que un principio sólo se desaconsejaron, llegaron finalmente a ser repudiadas por la gran mayoría del movimiento anarquista por los excesos que se llegaron a cometer, habiéndose dado en ocasiones asesinatos a personajes que no detentaban ni tenían relación con el máximo poder político, por la falta de proyección de las acciones cometidas, y porque obstruía el trabajo metódico de las organizaciones anarquistas llegando a ser un justificativo para la represión de estas por parte de los Estados.

CONTEXTO DE LAS ACCIONES


La propaganda por el hecho, en términos contemporáneos, es una forma extrema de acción que va más allá del eje de una actividad, para crear un nuevo evento, y no sólo para influir en el modo en como es cubierto por los medios de comunicación. Realizar propaganda por el hecho no significa automáticamente o necesariamente el uso de la violencia, aunque la violencia es uno de los medios posibles para crear un hecho dramático y motivador.

Aún así pudiendo ser o no un hecho violento, normalmente de acuerdo a la ética anarquista (los objetivos están contenidos en los medios) se descarta la agresión a civiles inocentes, por lo que no es lo mismo que el terrorismo aunque se los haya llegado confundir. Es por motivo de esta estrategia, que en la última década del siglo XIX tuvo aplicaciones dramáticas, por la que muchas personas unen erróneamente el concepto político del anarquismo al terrorismo, muchas veces de forma intencionada de parte de las autoridades.

En la actualidad hay similitudes entre la propaganda por los actos desde un perspectiva no violenta y comunicativa, emparentada de cierta forma con las prácticas de resistencia, la acción poética o la creación de situaciones, entre otros actos.

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