miércoles, 18 de mayo de 2011

Reflexiones sobre el 17 de mayo

Sin provocaciones hacia las fuerzas del Estado (tal y como decía Sun
Tzu, "Si no puedes ser fuerte, pero tampoco sabes ser débil, serás
derrotado”). Sin hacer de la concentración un simple botellón en un
lugar emblemático (los numerosos inmigrantes, prestos a vender
cerveza, se las vieron y se las desearon para encandilar con efluvios
etílicos a los allí presentes). En definitiva, dando ejemplo tras un
desalojo que fue más que bien recibido por los medios de comunicación
tradicionales.

Y sin embargo, varias son las señales de que el crisol acampado en Sol
tiene muchos visos de diluirse cual azucarillo en taza de café.
Trataremos de desgranarlas para invitar a la reflexión, como el propio
nombre del escrito indica, y así intentar evitar ese prematuro final.

El primero de los problemas de los que puede adolecer el movimiento
es, precisamente, su condición de crisol. La divergencia de opiniones
es buena en tanto en cuanto el objetivo que se persigue es el mismo,
pero dañina y perjudicial si los fines difieren de manera notoria.
Hemos constatado cómo, en el interior del movimiento, existe un gran
número de participantes que va concienciándose de que el parlamento no
es, ni puede ser, el lugar en el que se dirimen nuestros intereses;
ante ello, sólo podemos expresar nuestra satisfacción y nuestra
esperanza de que ese pensamiento se torne hegemónico entre las carpas
de los Indignados. Y esperamos que sea hegemónico porque creemos que
debe empezar a quedar claro que Moncloa y Palacio de Comunicaciones
forman parte de una misma realidad en la que, tras las preciadas
palabras de "representatividad" y "libertad", tras esas promesas de
actuar “en pos de la ciudadanía”, se esconden unos profundos intereses
de clase. Clase que, huelga decirlo, impone sus designios a base de
recortes de salarios, aumentos de jornada laboral o eliminación de
planes de estudios "no rentables", por destacar unas cuantas medidas
de entre todo un crisol que, en este caso, sí cuenta con un objetivo
común. Porque ese aumento de la explotación no sólo crea los fastuosos
beneficios de Botín y Cía, sino también los innumerables coches
oficiales y prebendas políticas de aquellos que dicen trabajar por los
parias y olvidados: nosotros.
Así pues, creemos necesaria esa hegemonía "anti-parlamentaria", por
decirlo de algún modo. Ahora bien, frente a su poder no podemos
permanecer impertérritos e inmóviles, esperando a que pase otro circo
electoral. Porque nuestra acción no puede limitarse a reacción en
contraposición a lo que no queremos, sino que debe elevarse a creación
de lo que deseamos. Aquí yace la otra señal de debilidad del
movimiento, y por ello invitamos a los presentes a pensar en modos de
organizarse que constituyan el germen de lo nuevo. Para decirlo de
otro modo: pasar de la simple organización, que surge de lo
espontáneo, a la planificación, que surge de la conciencia. Qué forma
tomará lo nuevo depende de las decisiones que se tomen de manera
conjunta, pero creemos que limitarnos a expresar nuestra rabia contra
lo existente hoy en día no da, en absoluto, el trompetazo de salida
del mañana. Así pues, y como siempre, la imaginación al poder, pero
con las miras hacia la sociedad futura aclarándose con la lucha. De
otro modo, este dulce momento se perderá en la conciencia del pueblo
como otra derrota más.
Los cartones que pueblan Plaza del Sol son hoy la playa que se
escondía tras los adoquines hace no tanto tiempo; esperamos que toda
España se cubra de la nueva playa, para así abandonar los tiempos de
la ignominia y la explotación en pos de nuevas alamedas.

Colectivo Jóvenes Indignados
(jóvenes_indignados@hotmail.com)

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