domingo, 9 de septiembre de 2012

Por la autogestión de la energía Contra las nucleares

Por la autogestión de la energía
Contra las nucleares
 
La cuestión de la producción y del acceso a la energía es un reto esencial para el capitalismo globalizado, para los Estados modernos tanto como para las colectividades humanas. El agotamiento anunciado de las energías fósiles y nucleares, las evoluciones tecnológicas, la presión ejercida por la catástrofe ecológica del efecto invernadero, la necesidad de una disminución del consumo, las evoluciones políticas de los Estados que se regionalizan en una óptica económica liberal, el fin de los monopolios de Estado del sector energético… llevan a una situación nueva a este respecto. En Francia, la privatización forzada de las compañías EDF, GDF y RTE, las ayudas concedidas por el Estado, la marcha forzada de Europa hacia un ramo energético sin emisiones de CO2, el potencial de desconcentración de las producciones energéticas… estimulan la especulación que hace de la producción de energías renovables un filón gracias a la instauración de la tasa del carbono. Pequeños productores o firmas multinacionales, petrolíferas o nucleares, francesas o extranjeras, todo ese pequeño mundo transforma el sueño de la energía natural gratuita de los primeros movimientos ecologistas en el nuevo Eldorado especulativo y políticamente correcto. El viento, el sol, el metano no son gratis. Se estimula a los particulares a ampliar sus propios créditos produciendo y revendiendo energía renovable. Cada uno, desde la más pequeña escala, es animado a especular con una energía que es, sin embargo, patrimonio de la humanidad, del mismo modo que el agua: se trata de una verdadera mercantilización de lo que es un bien común inalienable. Esta evolución contradictoria sobre las energías renovables debe ser la oportunidad de innovar políticamente a favor de una producción energética sin nucleares, no contaminante, desconcentrada, accesible a todos y autogestionada al modo de un servicio público en el que los usuarios (individuos o colectividades) y trabajadores de sus filiales estén asociados. Además del sector del agua, ya se ven colectividades que se organizan en administraciones para producir una parte al menos de la energía consumida. Numerosas asociaciones actúan a favor de una producción de la energía descentralizada, lo más cerca posible de los lugares de consumo, y la opinión pública parece sensible a esas cuestiones, que son tanto políticas como técnicas. La autonomía parece ser un objetivo en materia de producción y de consumo de energías, pero no siempre es posible, ni deseable. Además de que las condiciones climáticas producen desigualdad en las colectividades humanas, la autogestión solo puede expresarse por medio de la solidaridad, la complementariedad y, a un nivel de producción que permita aportar respuestas colectivas a gran escala, sin impedir las respuestas técnicas a pequeña escala. Se puede producir localmente, sin un Estado que centralice y controle, y sin patronos que se apropien de lo que nos pertenece, pero también hay que construir y alimentar una red solidaria de dimensión regional o más amplia. La red eléctrica privada puede también convertirse en red de servicio público de una federación de unidades de producción de energía renovable. Estas unidades de producción, gestionadas por las colectividades, mediante administraciones o cooperativas de servicio público -empresas sin fines lucrativos- deben asociar a los trabajadores, los usuarios (particulares o empresas) y las colectividades para llegar a ser un servicio público de energía sin nucleares, y autogestionado. Su proximidad a los lugares de consumo debería permitir reducir los costes y pérdidas ligados al transporte de energía a larga distancia, facilitar la sensibilización de las economías de energías y el descenso de su consumo, y facilitar el interés a las poblaciones por su gestión asociada. En este combate, el personal de los servicios de energía tanto como las redes de asociaciones antinucleares, deberán ser informados y requeridos. Los retos son fundamentales y descansan en tres bases: 1. Creación de un servicio público de producción y distribución autogestionado sin nucleares, de proximidad; 2. Impedir la mercantilización y el carácter especulativo de la producción energética renovable; 3. Proceder a la expropiación de las compañías privadas de ese sector para imponer unas producciones en forma de administraciones o de cooperativas de producción autogestionadas, sin fines lucrativos. Sin una fuerte presión por parte de la opinión pública en esta dirección, la lucha contra las nuevas construcciones de centrales nucleares y en pro del desmantelamiento de las viejas, cualquiera que sea su ubicación, no tienen ninguna posibilidad de triunfar.
Federación Anarquista Francófona

No hay comentarios: